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jueves, 7 de junio de 2012

Excursionistas 2 – C. Córdoba 0 (26.6.1943)

Por Marcos Damián Tricarico.
Quienes años de rica experiencia llevan sobre sus espaldas, lo recordarán por su estilo de juego y fundamentalmente, por su valor y entrega en la defensa de la camiseta albiverde. Otros que inician el camino de transición para llegar a tal preciada cualidad, como quien suscribe, lo recuerdan por su vestimenta deportiva, y su ubicación permanente junto a los técnicos y jugadores sentados en el banco de suplentes. Su figura, alta y delgada, no pasaba desapercibida a mis jóvenes ojos como al de otros muchos; él era quien corría inmediatamente con su bidón de agua para asistir a un jugador lesionado; él fue quien sólo jugó para un club y dedicó su vida al mismo; me estoy refiriendo a Eduardo “Pata” Dotto, el símbolo de Excursionistas. Y decidimos titular esta memoria con el partido que marcó su debut, el 26 de junio 1943 enfrentando a Central Córdoba donde el verde formó con Rebutti, Rossell, Maraviglia, Roncoroni, Dotto, Alvarez, Díaz, Archero, Soler, Ballerio, Roggero y se impuso por 2-0 siendo él autor de uno de los tantos. En cierta ocasión consultado por su debut dijo: “La diosa Fortuna me regaló el recuerdo más grato de mi vida de jugador, marqué un gol desde 35 metros, no lo podía creer, estuve dos minutos mirando para el lado de las tribunas, sentado en el suelo. Lo dejé chiquito al terror de los arqueros (en referencia a su amigo Carlos Soler)”. A partir de ese día defendió la casaca de Excursio en 389 partidos, jugando 16 temporadas consecutivas, hasta el 29 de noviembre de 1958 cuando disputó su último partido enfrentando a Talleres de Escalada. La revista “El Gráfico” supo dedicarle una nota a modo de despedida donde lo calificó como un “ejemplo de fidelidad, perseverancia, humildad, respeto y conducta”. Los más entrados en años lo definen como un jugador noble, valiente, dúctil, de enorme entrega y gran capacidad de juego; sus gotas de sudor en cada partido regaron el suelo fértil de nuestro entrañable coliseo. Los otros que, como yo, lograron verlo en su faceta de masajista, utilero y auxiliar, lo recordamos por su raudas corridas en el afán de auxiliar a nuestros jugadores, o bien en alcanzar las pelotas que quedaban por los costados de la cancha. Su equipo de gimnasia formaba parte de su figura física, y raro me resultaba verlo con indumentaria de vestir. Alentó, luchó y colaboró hasta el último día de su vida por su querido Excursionistas, el club que amó hasta su adiós físico y al cual aún ama desde su lugar celestial. El 10 de octubre de 1981 y tras la victoria por 2 a 1 en el Bajo Belgrano ante Chacarita Juniors, tal vez haya sido la última gran alegría vivida por el inolvidable Eduardo, ya que a la salida del vestuario y en su larga caminata por el viejo patio, hoy nuestro gimnasio techado, se lo vio llorar con profunda emoción. Recuerdo que mi tío José Yazbak supo decirme con justa razón: “Nadie más que él tiene bien merecida esta alegría”. Y vaya que la tenía porque a pesar de llevar sobre sí una cruel enfermedad por años, el Pata siguió estando y viviendo por los jugadores, por “sus muchachos” como bien solía definirlos y fundamentalmente por su Excursionistas. Su labor prosiguió un tiempo más hasta que el 26 de mayo de 1982, se despidió para siempre de todos nosotros y “con él se va un pedazo grande de nuestro querido club” como bien definió la revista en aquel momento “Excursio, una voz de Belgrano”. El hombre de una sola camiseta; el hombre de una vida dedicada íntegramente a los colores verdes y blancos, quien estará presente en el recuerdo de todos los leales que hoy, no sólo lo recuerdan por su nombre en el sector de las plateas, sino también por aquellas lágrimas llenas de alegría, por aquellas “lágrimas felices del hombre de una sola camiseta”.

martes, 3 de abril de 2012

Central Córdoba 2 - Excursionistas 1 (3/4/1982)

Por Marcos Damián Tricarico
La Argentina vivía por aquellas horas un momento de profunda emoción producto de la reconquista de las Islas Malvinas. La política decisión fue tomada por el gobierno de facto presidido por el ya fallecido General Leopoldo Fortunato Galtieri, un militar que junto con muchos otros hombres de las fuerzas armadas y cientos civiles cómplices buscaban perpetuarse en el ejercicio del poder. El país pasaba en pocas horas de la durísima represión y muerte, vivida en la plaza de mayo por la protesta de la CGT, a la euforia por la reconquista de “la querida perla austral”. La atención de la ciudadanía, sin dudas, se había centrado en las noticias que llegaban desde las Islas, a través de los distintos comunicados que eran suministrados por la cadena nacional de radiodifusión. Sin embargo, la disputa de los partidos correspondientes a las distintas categorías del fútbol argentino no se suspendieron, los mismos se llevaron a cabo en los escenarios asignados para cada uno de ellos, como es el caso de este partido disputado en la ciudad de Rosario entre Central Córdoba y nuestro querido Excursionistas. La intensa lluvia que caía en la “Chicago Argentina” no impidió que un centenar de “leales” se llegasen hasta el estadio Gabino Sosa para brindar el aliento a este muy buen equipo. De todos modos aquella tarde, todos los presentes nos hallábamos con las portátiles escuchando las últimas novedades suministradas por los comunicados, aunados por la gesta de Malvinas. Recuerdo que la absurda división de clases entre “provincianos” y “porteños” no existió, fusionándonos todos en el momento del izamiento de nuestra insignia patria en un emocionante grito de ¡¡ARGENTINA!! ¡¡ARGENTINA!!. El encuentro fue muy intenso en donde el equipo dirigido por Marchetti buscó el arco rival con inteligencia y buena disposición; en cambio el local a través de la dinámica de su mediocampo y la peligrosidad de su delantero Guerrero, intentó acercar peligro al arco defendido por Llesona. La intensa lluvia conspiró en el despliegue del buen juego que ambas escuadras pudieran tener, haciendo que el partido tuviera acciones imprevistas como el primer gol del charrúa rosarino. El “Verde” de ahí en más, con voluntad y mucho esfuerzo por vencer a las adversidades que mostraban el resultado y las inclemencias del tiempo, fue hacia el arco de Quinto Pagés. Lo buscó a lo largo de todo el tiempo que restó para terminar la primera etapa y en casi toda la segunda, pero el pobre desempeño del árbitro conspiró contra tal búsqueda; las expulsiones de los delanteros Garaffa y El Alí fueron determinantes para el resultado, ya que en los minutos finales otra vez Guerrero marcaba el segundo tanto de su equipo. Sólo el orgullo del equipo le permitió arribar al descuento gracias a un penal convertido por Fonseca Gómes. El 2 a 1 final se constituyó en la primera derrota de este gran equipo que siguió buscando el anhelado sueño del ascenso a la “B”. Mientras en Argentina se abría una herida que 30 años más tarde aún continuaría abierta.